FLORA

UN ARBUSTO PROTECTOR DE LOS MALOS ESPÍRITUS, EL ACEBO (Ilex aquifolium)


Es un arbusto o como mucho un pequeño árbol de unos 6 ó 7 metros de altura con tronco recto, porte piramidal, que se ramifica desde la base y que puede llegar a vivir 500 años, aunque normalmente no llega a los 100. Se la puede llamar agrifolio, cardón, cardonera, aquifolio, cebro, carrasco, etc.
Tiene la corteza lisa durante toda su vida. Al principio es de un color verdoso y a partir del segundo o tercer año va tomando un tono gris oscuro definitivo. Sus hojas son persistentes, simples, pecioladas, alternas, con forma ovalada y, como cualidad más característica, con un borde fuertemente espinoso en los ejemplares jóvenes y en las ramas más bajas en los adultos, careciendo de espinas las hojas de las ramas superiores. Duran unos cinco años y son de color verde muy brillante por el haz y verde amarillento mate por el envés, totalmente lampiñas, muy rígidas y coriáceas.
Es planta dioica y en los ejemplares masculinos, las flores aparecen en grupos axilares de color amarillento. En los femeninos, aisladas o en grupos de tres y son pequeñas y de color blanco o levemente rosado, y se componen de cuatro pétalos y cuatro sépalos parcialmente fusionados en la base.
Producen los ejemplares femeninos un fruto carnoso (drupa), de un color rojo brillante o amarillo vivo, que madura muy tarde, hacia octubre o noviembre, y que permanece mucho tiempo en el árbol, a menudo durante todo el invierno. Contiene en su interior 4 ó 5 "huesecillos" (semillas), que no germinan hasta el segundo año, en caso de ser ingerida por algún ave como el mirlo. Brota bien de cepa y escasamente de raíz.
Alrededor de esta planta se cuentan numerosas leyendas ya que era muy importante para las culturas occidentales:

En algunos países centroeuropeos, el acebo es conocido como 'árbol de los sátiros', ya que se pensaba que era útil para alejar a los espíritus de la noche y otros gnomos maliciosos. También los monjes medievales utilizaban este ejemplar paraahuyentar a los malos espíritus.

En la antigua Roma, el historiador Plinio ya otorgaba al acebo poderes mágicos.Aseguraba que se podría transformar el agua en hielo utilizando sus flores blancas. Decía que si se plantaba esta especie en las cercanías de una granja, te protegería de los rayos y embrujos. Y también aseguraba que una madera de acebo lanzada contra los animales salvajes, conseguiría que éstos se amansasen.

Otra leyenda proviene de la región alemana de Aquisgrán, donde se utilizaba este árbol para limpiar las chimeneas, ya que consideraban el hogar como el centro sagrado de la casa y por ello necesitaban de un repelente natural contra los malos espíritus, en este caso, las ramas de acebo.




SABINA ALBAR (JUNIPERUS THURIFERA)


Árbol siempreverde, de tamaño mediano, generalmente de 4 a 19 m de altura y de un metro más o menos de diámetro de tronco, corto y grueso algo retorcido y tortuoso en los ejemplares viejos, con corteza parduzca o cenicienta, fibrosa y agrietada longitudinalmente, desprendiéndose a tiras. La copa es muy densa, de color verde oscuro con forma cónica u ovalada y en ejemplares desmochados aplanada e irregular. Las ramas son gruesas y las hojas son escuamiformes, adheridas al tallito, son de forma romboidal y ásperas al tacto.

Produce pies masculinos y femeninos, los frutos son redondeados de color azulado a negruzco o rojizo según su estado de maduración. Los pies masculinos producen en sus pequeñas, parduzcas y abundantísimas inflorescencias, grandes cantidades de polen, lo que se llama popularmente "cierna" que llega a parecer humo en días ventosos.
Florece a partir de febrero y los frutos maduran al segundo año, pero también existen épocas en la que no fructifican. Las flores de los machos únicamente producen polen, que es dispersado por el viento, mientras que las flores de los árboles hembra son fertilizadas por el polen masculino y forma unos "frutos" llamados gayubas. Dichos frutos no alcanzan el grado de madurez hasta el segundo otoño tras la polinización (20 meses), cuando toman un color oscuro característico. En este momento es cuando distintas especies de tordos los comen y dispersan sus semillas. 


En Castilla y León  a los árboles monumentales de esta especie y de otras se les asigna género femenino y así se dice la enebra. Es especialmente conocido el sabinar de Calatañazor, Soria.

A unos 10 Km de Lerma, en la carretera que la une con Santo Domingo de Silos y a la altura de Castrillo de Solarana, se abre una pista de tierra que se dirige a una ermita en pleno monte, alli hay un enorme bosque de sabina albar.
  EL ROBLE


En su uso originario el término, derivado del latín robur, designa a especies europeas de Quercus de hojas blandas, de borde sinuoso, caducas, propias de climas templados oceánicos; o bien de variantes frescas, por altitud, del clima mediterráneo.

El más notable de los robles europeos es Quercus robur, la especie forestal dominante en la vertiente atlántica de Europa. Así, esta variedad recibe los nombres de carballo en Galicia y en la frontera extremeña con Portugal, La Carballeda y Sanabria, carbayu en Asturias y cajiga en Cantabria.

Otra especie de ecología semejante es Quercus petraea, el roble albar. De las especies mediterráneas la más extendida en la Península Ibérica es Quercus pyrenaica, dominante por ejemplo en las sierras próximas a Madrid.

El roble común crece en suelos con humedad por lo que en la Península Ibérica sólo abunda espontáneo en las cordilleras húmedas o las regiones más septentrionales. No se suele emplear en silvicultura dado su lento crecimiento, pero su madera es una de las más apreciadas.

En el hemisferio norte, es posible encontrarlo tanto en climas fríos como tropicales en Asia y América. Su desarrollo se alcanza a los 200 años y hay datos de haber llegado a los 1600 años.
Un bosque de robles recibe el nombre de robleda, robledo o robledal.




EL HAYA, EL OTOÑO EN NUESTROS BOSQUES.

El haya (Fagus sylvaticaes) un árbol longevo que puede alcanzar hasta 40 metros de altura. La forma de la copa varía entre los ejemplares que crecen aislados y los que crecen en condiciones de mayor espesura. Siempre tiene un marcado carácter ornamental.
De la familia de la Fagáceas, el haya está emparentada con robles y castaños, y junto a ellos puebla los bosques de las zonas templadas del planeta. Su crecimiento es muy lento, pero es un árbol que puede llegar a vivir hasta 300 años.

Tiene porte esbelto y algunos ejemplares pueden alcanzar hasta los 40 metros de altura. El desarrollo de la copa de este árbol varía: puede ser cónica y estrecha si se encuentra en bosques, y más horizontal y expandida si tiene espacio.

El tronco es recto, con corteza cenicienta. Las hojas miden entre 5 y 10 centímetros de longitud, y son ovaladas con los bordes dentados y de color verde claro. El follaje de estos árboles de hoja caduca es muy abundante y  según la variedad adquiere diferentes tonalidades en otoño, todas muy decorativas.

El haya presenta flores masculinas, que crecen en colgantes inflorescencias globosas, y femeninas, que crecen erectas en los extremos de las ramas formando grupos de no más de cuatro y al fecundar producen los frutos. Se conocen como hayucos y crecen en grupo dentro de unas cúpulas leñosas con espinas blandas.

Esta especie requiere humedad atmosférica, por lo que suele crecer en lugares de umbría y con orientación norte entre los 400 y los 2.000 metros de altitud. Soporta bien el frío, pero no las heladas tardías ni los veranos muy calurosos. Tolera la mayor parte de los suelos.

Con estas condiciones para su correcto desarrollo, crece principalmente en Europa. En España, se encuentra en los Pirineos, otras zonas montañosas del norte y también en Madrid, donde destaca el Hayedo de Montejo.

El hombre ha usado el haya en tornería, ebanistería y carpintería. También como árbol de sombra en grandes espacios.